Los ojos de ella se abrieron de miedo, principalmente por el modo brusco como él la sujetaba.
—Si no me sueltas ahora mismo, voy a gritar —dijo, usando la única defensa que le vino a la mente.
Alessandro soltó una risa corta, cínica.
—¿De verdad crees que, con toda esta música, alguien va a oírte? —provocó. —Ingenua.
—Suéltame —insistió ella, con la voz fallando.
Él ignoró el pedido, apretándole el brazo con más fuerza.
—¿Qué te está dando ese desgraciado de Renato para que te hagas pasar por s