En el pasillo del hotel, Renato caminaba lentamente, con la mente aún atrapada en la mujer que había dejado en la habitación. Por más que no quisiera, recordarla lo dejaba inquieto, fuera de control.
—Qué mierda… —murmuró para sí mismo. —Esto solo puede ser falta de sexo.
Desde que había salido del burdel, no había estado con ninguna otra mujer. Y, para alguien que siempre tuvo una vida sexual activa, aquello parecía más un castigo que una elección.
Se pasó la mano por el rostro, irritado consi