Como no consiguió nada con Sara, Renato salió del cuarto nuevamente, pero esta vez dejó muy claro que no quería que ella saliera de allí por nada. Cansada y sabiendo que no tenía fuerzas para luchar, ella solo se recostó en la cama, vencida por el dolor y el cansancio.
Cuando ya estaba casi dormida, el celular comenzó a sonar. Era su madre.
Pensó en ignorarlo una vez más, pero algo dentro de ella le dijo que debía atender.
—Aló, mamá.
—Ah, hasta que por fin —dijo Soraya, del otro lado de la lín