Sara Lemos
Mi cabeza latía de dolor; estar sin mis gafas era una tortura. Verlas rotas me dejaba desesperada, de una manera que ni siquiera lograba prever qué vendría después. Después de que Renato se fue, ya no conseguí hacer nada; la idea de que aquella puerta pudiera abrirse en cualquier momento, trayendo a Constança de vuelta, me aterraba.
Lo único que me consolaba era recordar lo que él había dicho: que me dejaría ir. Eso me traía un cierto alivio, así como pensar que no tendría que meter