Cuando vio a su madre salir y dar un portazo al cerrar la puerta de la habitación, Renato volvió la mirada hacia Sara y se dio cuenta de lo rojos que tenía los ojos. Sin decir nada, empezó a buscar sus gafas por el suelo. Cuando por fin las encontró, notó que estaban completamente destrozadas.
En silencio, la condujo hasta la cama, ayudándola a sentarse. Tomó las gafas entre las manos y las examinó con cuidado, intentando evaluar si había algo que pudiera hacerse, pero además de las lentes hech