Algunos meses después del encarcelamiento de Constança, la normalidad parecía haber encontrado, por fin, un lugar dentro del apartamento donde Sara y Renato vivían.
No era una normalidad perfecta, pero sí ligera. Sin esa sensación constante de que algo estaba a punto de salir mal. Su matrimonio atravesaba su mejor momento y, por primera vez, parecía que realmente estaban a punto de vivir lo mejor para ambos.
Un día, Sara estaba sentada en el sofá con su hijo en brazos, meciéndolo mientras obser