Los primeros días en casa fueron completamente diferentes a todo lo que Sara había vivido.
No había silencio, ni rutina predecible o bajo control.
Ahora, cada minuto parecía girar en torno a un pequeño ser que, al mismo tiempo que dormía como un ángel, también tenía el poder de transformar cualquier noche en un verdadero caos.
El reloj marcaba poco más de las dos de la madrugada cuando el llanto de Leo sonó en el monitor del bebé. Ella abrió los ojos lentamente, aún intentando entender dónde es