Renato salió de la casa de Odete totalmente desorientado. Parecía que todo se había vuelto aún más apretado dentro de su cabeza.
Entró en el coche casi en automático, lo puso en marcha y comenzó a conducir de regreso al hotel. Las calles de aquella pequeña ciudad pasaban por la ventana, pero él apenas veía. Su mente estaba en otro lugar.
Apretó el volante con fuerza, como si eso fuera lo único que lo mantenía en control. Lo que Odete dijo no salía de su cabeza. La posibilidad de haber sido enga