Después de haber resuelto todo con Odete, Renato fue al cuarto, donde Sara lo esperaba. Cuando lo vio entrar, se sorprendió. Había algo diferente en su semblante, no la rigidez habitual, sino un cansancio evidente que pesaba sobre sus hombros. Renato aflojó los botones de la camisa con un suspiro bajo y se pasó la mano por el rostro.
—Estoy exhausto —murmuró. —Después de la cena, solo quiero descansar.
La respuesta la tomó desprevenida. Sara asintió despacio, sintiendo una leve opresión en el p