—Está bien, me voy —dijo él, percibiendo que a ella no le estaba gustando aquella conversación. —Pero, antes de irme, necesitas entender que digo esto por tu propio bien. Sé que parezco estar entrometiéndome en tu vida, pero lo hago porque realmente me preocupo por ti, Sara.
—Agradezco la preocupación, pero, de ahora en adelante, creo que es mejor no volver a tocar este tema.
—Claro… —respondió. —Pero que sepas que, siempre que lo necesites, estaré cerca.
Humberto se alejó y siguió por el sende