No sé cómo le convencí ni cómo me convencí a mí misma de pasar cuatro días en San Petersburgo. Si bien es verdad de que nos quedábamos en una zona que jamás pisé, me lo conocía todo y sí que me hizo algo de ilusión volver allí.
—Nos vemos junto al río pero tú sola. Si veo a Nicolai nos daremos la vuelta —le advertí.
Pero llegamos primero y Enzo sacó a Aleshka del carrito sentándola en el muro frente al río.
—Oye, ¿qué haces?
—Tranquila, no le va a pasar nada —me aseguró.
Eso ya lo sabí