—No, no... —dijo Harper sacudiendo la cabeza y mordiéndose el labio—. Ojalá no la haya arruinado. Tal vez si la dejo en remojo un rato, aún... —Se separó un poco de él y empezó a desabotonarle la camisa, frunciendo el ceño cada vez que veía la mancha de sangre—. ¿Es de seda natural o tiene algo de sintético? Lo pregunto porque entonces quizá no deba mojarla.
—Olvida la camisa y déjame ver la mano.
—¿Es de las que se llevan a la tintorería? ¿Qué dice la etiqueta?
—Ni idea. Nunca me fijé en ella.