Harper sonrió con gesto apenado mientras pensaba que su madre nunca desaprovechaba una oportunidad de recordarle el ya-te-lo-dije.
—Mira, ya he reconocido que tenías toda la razón con lo de Mark, pero no te metas con mi hija. Tú puedes no quererla, pero es mía. Te guste o no, la vas a tener que respetar porque por ley es tu nieta. Y puedes seguir echándomelo en cara, y yo puedo seguir admitiendo que me equivoqué con lo de Mark, pero no creo que eso nos ayude mucho. Además, lo que sí está claro