Harper volvió a su apartamento después de un almuerzo tenso con su madre y se dejó caer en la cama, agotada. Las palabras que habían intercambiado seguían resonando en su mente, recordándole lo poco que su madre se preocupaba por entenderla o apoyarla. Harper sabía que nunca recibiría de ella el amor incondicional que anhelaba, y eso le dolía. Necesitaba desahogarse con alguien, así que marcó el número de Padme y le contó lo ocurrido.
—Sabes una cosa, tienes razón en algo —admitió Harper mientr