Padme retomó el tema de la chaqueta con entusiasmo.
—Bueno, veamos... ¿Puedo pasar por ahí y olerla también?
Harper, con una sonrisa traviesa, se mordió el labio.
—Oh, no lo creo. Si te la prestara, estoy segura de que te la llevarías contigo. Aunque, tengo que devolverla mañana, así que todavía tengo al menos doce horas para disfrutar de ella.
Padme decidió llevar la conversación a un nivel más profundo.
—Creo que la semana que viene deberías hablar de esto con tu terapeuta. ¿Por qué te da tan