Andreza estaba muriéndose de vergüenza, no imaginaba que vería a Théo nuevamente, mucho menos después de lo que hizo. Sentada frente a él, con la cabeza baja, quería intentar salir de aquella situación.
—En primer lugar, quería decir que lo siento mucho, Théo, lo siento de verdad. —Dijo, pero seguía con la cabeza baja.
—Deja de rodeos, Andreza, solo estás arrepentida porque te descubrieron. —Él dijo, sin un rastro siquiera de paciencia.
—No pensé bien, me dejé llevar por el calor del momento.
—