“¡Ay, mierda!”.
Salto de la cama y me apresuro a ir a la habitación de Shayla cuando escucho un golpe y su grito.
“¿Shayla? ¿Estás bien?”, la llamo, golpeando la puerta. La escucho y, al no oír respuesta, abro la puerta y entro. La encuentro sentada en el suelo en la oscuridad, sujetando su pie, rodeada de pedazos de vidrio. Ella me mira y parpadea sorprendida cuando enciendo la luz. “¿Qué has hecho? ¿Estás herida?”.
Ella se saca el Airpod de la oreja. “¿Eh?”.
“¿Te pregunté si estabas bien?”