“Tengo un hermano mayor que es más grande y más fuerte que tú”, ella refunfuña, mientras cambia de táctica y coloca su pie en mi espalda, empujándome de la cama. Caigo al suelo con un golpe seco. Gimo y la miro cuando ella se inclina sobre la cama, sonriéndome con pura alegría. “Buenas noches”.
Le sonrío, levanto el brazo, le agarro la muñeca y la empujo de la cama. Ella grita y cae encima de mí, nuestras cabezas chocan al hacerlo. Juro que no he conocido a una chica tan propensa a los accident