“¿Estás bien?”. Parpadeo hacia Cole, quien me toma la cara cuidadosamente entre sus grandes manos, sus ojos verdes escaneando mi rostro. No estaba bien, ni un poco. Me dolía la mejilla y me pitaban los oídos. Asiento con la cabeza a pesar de la rabia que crecía en mi interior, con las ganas de darle un puñetazo en la cara a la perra presumida por atreverse a ponerme un dedo encima.
“Estoy bien”, le asegure, apartando la cara de su agarre y siseo cuando él roza con el pulgar la mejilla que su ma