Capítulo 15
“Oh, muérdeme”, refunfuño cruzando los brazos sobre mi pecho y mirando por la ventana.

“Solo di dónde, nena”, él dice inclinándose más cerca, cubro su cara con mi mano y lo empujo hacia atrás. Él me lame la palma de mi mano, la quito de un tirón y la limpio en su camisa.

“¡Ugh! Dios mío, ¡en serio acabas de lamerme la mano!”, exclamó, y él se rie como un niño mientras sale de la entrada de la casa de sus padres.

“No podía morderte, así que improvisé”, él afirma encogiéndose de hombros, lanzándome miradas de reojo con una sonrisa maliciosa en su rostro estúpidamente apuesto. Lo odio. Juro por Dios que estas payasadas suyas me sacan de quicio. Lo miro sigilosamente y él me mira al mismo tiempo, y no puedo contener más la risa. Nos reímos. En el viaje de regreso, llevamos la capota del coche abajo, la música a todo volumen y cantamos las canciones de mi lista de reproducción. Encuentro 'Si me dejas ahora’ de Chicago y subo el volumen. Cole me mira desconcertado cuando empiezo a cantar
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