LO QUE REGRESA... Y LO QUE CAMBIA
Un mes.
Treinta días.
Demasiado tiempo para lo que no se dijo.
Y suficiente…
para que muchas cosas cambiaran sin que ninguno lo notara del todo.
El departamento ya no se sentía extraño para Alejandra.
Se había adaptado.
A los silencios.
A las rutinas.
A la ausencia.
Incluso a no esperar.
Eso fue lo más peligroso.
Porque dejó de mirar el teléfono con ansiedad.
Dejó de pensar en cada mensaje.
Dejó de imaginar respuestas.
Se volvió… tranquila.
Pero no en paz.
Era otra cosa.
Más fría.
Más contenida