El abrazo duró más de lo que cualquiera hubiera esperado.
Alejandra no quería soltarse.
Y su mamá tampoco.
—Pensé que no vendrías pronto —dijo su madre con la voz ligeramente quebrada.
—Lo sé… lo siento —respondió Alejandra en un susurro.
Cuando finalmente se separaron, su mamá tomó su rostro entre las manos, observándola con detenimiento.
—Estás más delgada —comentó.
—Estoy bien.
—Eso dices siempre.
Alejandra sonrió un poco.
Era exactamente igual que siempre.
Esa forma de mirarla, d