Alejandra despertó antes que Sebastián.
Por un momento no se movió.
Estaba acostada de lado, observándolo. La luz tenue de la mañana se filtraba por la ventana del motel, dibujando sombras suaves sobre su rostro. Él dormía profundamente, con la respiración tranquila, ajeno a todo.
Y eso… era raro.
Porque Sebastián casi nunca se mostraba así.
Relajado. Vulnerable. Sin esa barrera invisible que siempre lo mantenía a cierta distancia del mundo.
Alejandra bajó la mirada.
La noche anterior volvió a