Habían pasado semanas desde la desaparición de Elena y no había avances, ni pistas, ni señales que dieran alguna esperanza. La policía, aunque seguía con la investigación, parecía estar perdiendo el interés.
Los informes llegaban cada vez con menos frecuencia y siempre con las mismas palabras vacías: "Seguimos buscando, señor Romagnoli".
Giovanni estaba a casi de volverse loco. Ni siquiera sus hombres, a quienes había enviado en todas direcciones con instrucciones claras de no dejar piedra sin