Solo entonces Victoria se dio cuenta de algo divertido. Sus cejas oscuras se relajaron lentamente y parecieron especialmente encantadoras a la luz de la mañana.
—Fue una suerte que David Jones quisiera ayudarnos.
—El dinero lo compra todo, hermana. Fue más suerte que él acostumbrara a grabar este tipo de encuentros.
Héctor no dejó de observar perezosamente el alboroto del otro lado de la pantalla.
—Vicky, ¿quieres ver más?
Victoria enarcó una ceja, y lo cierto es que lo estaba deseando.
La retr