El auto de Héctor se estacionó en la entrada de la mansión Solís. Victoria sintió un escalofrío estremecer su cuerpo. Estaba más cerca de la verdad.
Aunque sabía que Héctor era su hermano por el ADN, aún no lo sentía tan real hasta que alguno de sus padres, o los que creyó que eran, se lo confirmaran por ellos mismos.
Victoria se bajó del auto de Héctor y miró la imponente fachada de la mansión Solís.
La mezcla de emociones la embargaba: la ansiedad por conocer la realidad y la aprehensión por