Los ojos de Victoria se abrieron poco a poco. El techo blanco, aquel olor a desinfectante y ese pitido constante a su lado, le hicieron saber exactamente dónde estaba.
Victoria se encontraba en una habitación de hospital. Al principio, todo le pareció borroso, pero poco a poco su visión se fue aclarando.
Se percató de la intrincada red de tubos y cables conectados a su cuerpo, y la sensación de debilidad la invadió.
El recuerdo de lo sucedido en la subasta benéfica y la posterior tragedia la go