Alessandro se quedó atónico, sosteniendo el teléfono contra su oreja con una presión que amenazaba con romper el dispositivo, mientras sus dedos comenzaban a temblar de forma incontrolable. Un frío gélido, una sensación de vacío absoluto, le recorrió el cuerpo desde la nuca hasta la punta de los pies, dejándolo paralizado en medio de la habitación que aún conservaba el rastro del perfume de su esposa. ¿Qué demonios estaba diciendo aquella mujer del hospital? Su mente se bloqueó por completo, bu