CAPÍTULO — Lo que no quiso aprender
Sandy cerró la puerta de la casa donde vivía con Mauro con más fuerza de la necesaria.
El silencio que quedó después le cayó encima como un peso incómodo. Se apoyó contra la madera, respiró hondo y, por un instante mínimo, la imagen de su madre volvió a aparecerle con una claridad que le molestó: los ojos llenos de vergüenza, la voz quebrada, la decepción que no había necesitado gritos.
Te desconozco, le había dicho.
Y eso… eso sí le había dolido.
Porque