CAPÍTULO — Lo que todavía puede volver
Ignacio Vera alcanzó a la doctora Sofía antes de que se alejara del área de internación. No fue una pregunta impulsiva; fue la de alguien que sabía que cada palabra podía cambiarlo todo.
—Sofía… —dijo en voz baja—. Decime la verdad. ¿Carolina tiene posibilidades reales de recuperar la vista?
Sofía se detuvo. No respondió de inmediato. Miró hacia la puerta de la habitación, como si Carolina pudiera escuchar incluso a través de las paredes.
—Sí —respondió finalmente—. Las tiene. Pero debe seguir el tratamiento al pie del cañón. No puede faltar ni una sola dosis de la medicación cuando esté en casa, y también necesita tranquilidad absoluta.
Vera soltó el aire que había estado conteniendo.
—¿Entonces por qué no ve?
Sofía apoyó la carpeta contra su pecho y habló con calma, como lo hacía siempre cuando quería que la entendieran de verdad.
—Porque esto no es inmediato. En el caso de Carolina, el glaucoma había avanzado más de lo que creí