EPÍLOGO — El sonido de lo real
El primer día en la disquera no tuvo nada de glamoroso.
No hubo flashes, ni periodistas, ni sonrisas armadas para una foto.
Hubo cajas.
Cables.
El olor a pintura nueva flotando en el aire.
Pero, sobre todo, hubo una sensación que a Cristian le apretó el pecho apenas cruzó la puerta:
eso sí era suyo, y por primera vez no le pesaba demostrarlo ni defenderlo.
No era suyo por los papeles firmados, ni por el dinero invertido, ni por los contactos.
Era suyo porq