CAPÍTULO — El día que eligieron quedarse
El aire estaba cargado de algo que no se podía nombrar con facilidad.
No era solo emoción ni felicidad.
Era la certeza.
La certeza de que todo lo que habían pasado —lo bueno, lo malo, lo que dolió y lo que casi los rompe— los había traído exactamente a ese momento.
La iglesia estaba en silencio cuando comenzaron a llegar los primeros invitados, un silencio expectante, profundo, como si hasta las paredes mismas supieran que iban a presenciar algo