29— Lo que ve el corazón

CAPÍTULO — Lo que ve el corazón

La casa de Betina estaba en penumbras cuando Carolina y Gabriel llegaron. No era tristeza: era costumbre. Desde que la vista de la madre había comenzado a fallar, casi no encendía luces. Se guiaba por el tacto, por el ruido, por la memoria. Por todo… menos por los ojos.

—¿Mamá? —llamó Carolina apenas cruzó la puerta.

—Acá estoy, hija… —respondió la voz suave desde el sillón, acompañada del sonido del bastón apoyándose al levantarse.

Carolina corrió hacia ella, la abrazó fuerte, tanto que el perfume de su madre —ese olor cálido a té de tilo y jabón neutro— le desarmó un poco el alma.

—Ay, hija… —susurró Betina—. Qué susto me diste cuando hablamos pensé que seguías en Colonia .Estás tan tensa… te siento temblar.

Carolina apretó los ojos.

No sabía si era cansancio, bronca o las ganas inmensas de sentirse contenida.

Gabriel se mantenía a un paso, respetando esa escena que no le pertenecía. Betina levantó la cabeza, orientándose hacia donde él estaba.

—¿Y qu
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