CAPÍTULO — La Verdad Oculta en las Pantallas
Carolina estaba agotada.
No era ese cansancio físico que se cura durmiendo, sino ese desgaste del alma que te deja floja de rodillas y con la mirada perdida. Gabriel lo notaba. Lo sentía. Ella apenas respiraba con normalidad mientras cruzaban la calle hacia el hotel frente al sanatorio.
Cuando entraron a la habitación, el silencio se volvió un refugio inesperado.
Carolina se dejó caer en la cama con la espalda hacia él, hundiendo los dedos en las sábanas como si buscara una manera de anclar el mundo que se le estaba desmoronando otra vez.
Gabriel se acercó despacio.
—Carolina… —dijo con voz suave— tenés que descansar.
Tus ojos están rojos de esfuerzo. Ponete las gotitas.
Carolina lo miró, cansada, vulnerable, rota, pero finalmente asintió.
—Gracias, Gabriel… —susurró—. De verdad… no sé qué haría sin vos. Nunca… nunca nadie me cuidó así.
Gabriel sintió un tirón en el pecho. Se inclinó y rozó su mejilla con un dedo.
—Yo lo hago por