CAPÍTULO 21 — EL NOMBRE QUE AÚN NO SE PRONUNCIA
(Punto de vista de Carolina)
La sucursal seguía envuelta en un murmullo tenso, como si el aire estuviera hecho de ceniza y restos de la pelea que no llegó a desatarse. Ya habíamos sacado a los periodistas del interior, restablecido parte del orden básico y encendido las cámaras, pero el caos aún vibraba en las paredes, como si el edificio mismo supiera que había sido usado para algo oscuro y cobarde.
Martín desapareció un rato después del enfrentamiento frente al personal. No hacía falta ser adivina para saber dónde había ido: a llamar a su madre, la mujer que siempre lo había respaldado en cada capricho, en cada torpeza, en cada intento de ocupar un lugar para el que nunca estuvo preparado.
Yo estaba revisando informes con Gabriel cuando escuché desde el pasillo un tono alterado, casi histérico.
—¡Mamá, te digo que no sé quién es! —la voz de Martín temblaba, cargada de rabia—. Ese tipo apareció con Carolina, entró a mi oficina como