CAPÍTULO 22— ENTRE LA TORMENTA Y TU MANO
(Punto de vista de Carolina)
Había algo en el silencio que siguió a la explosión emocional de la sucursal que me acompañó todo el camino de regreso al hotel. Era un silencio extraño, cargado con una mezcla entre alivio y agotamiento, entre el orgullo por haber enfrentado todo sin desmoronarme y un cansancio tan brutal que sentía el cuerpo extendido más allá de mis límites. Caminé por el pasillo del hotel como si flotara dentro de una nube, sin terminar de comprender cómo había logrado no quebrarme delante de los empleados, de Martín, de los periodistas, de esas cámaras que aguardaban carroña.
Gabriel caminaba a mi lado, con ese modo suyo de andar que parece que no pisa fuerte para no herir el suelo, pero igual se siente contundente, firme, como si su presencia sostuviera un poco del peso que yo llevaba sobre la espalda. Casi no hablábamos. No hacía falta. Cada tanto él me miraba de reojo, verificando que yo no estuviera temblando, y yo me afe