Beth detuvo el beso, separando ligeramente su rostro del de Mateo.
Sus ojos brillaban con una mezcla de confusión y asombro, como si lo que acababa de pasar estuviera más allá de su comprensión.
—¿Amante? ¿Yo…?
La sonrisa de Mateo se tornó suave, casi burlona, como si se divirtiera al ver el desconcierto de Beth.
—¿Qué? ¿Me tienes miedo?
La mano de Mateo se deslizó lentamente por el rostro de Beth, acariciando con ternura su mejilla magullada, una sensación que la desconcertaba profundamente.
Be