Días después.
Roma despertó jadeando, sus pulmones buscando aire como si acabara de escapar de una pesadilla viviente.
Su corazón latía desbocado, sus manos temblaban mientras las llevaba a su rostro húmedo.
Había soñado con él otra vez: Benjamín.
En su sueño, todo era perfecto. Su risa la envolvía, su mirada cálida la llenaba de esperanza… pero, como siempre, él se desvanecía, deslizándose fuera de su alcance, como arena que se escapa entre los dedos. No importaba cuánto lo intentara, no podía