—¡Brindemos! —dijo Beth, con una sonrisa forzada que intentaba esconder el nerviosismo que sentía.
Extendió la copa con temblorosas manos, que el hombre recibió con una mirada hambrienta y un gesto de satisfacción.
Él sonrió y bebió el trago de un solo sorbo, con rapidez.
Beth observaba cómo el líquido se deslizaba por su garganta, como si el destino estuviera sellado en ese pequeño gesto.
—¿Qué te parece si hacemos algo más excitante? —dijo Bruno, acercándose con descaro, rozando su cuerpo con