—¡Victoria, no puedes hacer esto! ¡Eres una traidora! Dijiste que me amabas, y ahora te comportas como una… como una zorra. ¡Esto no es lo que prometiste! —Humberto casi rugió, la rabia quemándole por dentro. Su voz temblaba de furia, pero lo que más lo irritaba era la frialdad con la que ella lo miraba.
Victoria lo miró a los ojos, sus labios curvándose en una sonrisa amarga.
Sin previo aviso, le abofeteó con una fuerza inesperada, dejando una marca roja sobre su rostro.
Humberto, atónito por e