Al llegar a casa, Mateo irradiaba felicidad. La calidez de su hogar lo envolvía, y frente a él, Roma, Giancarlo y Tory lo esperaban con sonrisas iluminando sus rostros. Habían preparado una bienvenida especial, un gesto de amor y gratitud por el milagro de tener a Beth de vuelta.
Cuando ella cruzó la puerta, sus ojos brillaron con una mezcla de sorpresa y emoción. No pudo evitar llevarse una mano al pecho, sintiendo el latido acelerado de su corazón.
—¡Gracias! —exclamó, conmovida por el recibim