—¡Yo…!
Bruno se acercó rápidamente a ella, pero el sonido del teléfono rompió la tensión. Beth lo miró con desesperación.
—¡Es Mateo Savelli! —pensó, sintiendo que, por alguna razón, era su única oportunidad. Pensó en cómo podía manipular la situación para salir airosa. Su mente corría mientras trataba de encontrar las palabras correctas—. Déjame responderlo, sin mí no podrás conseguir lo que quieres.
El hombre la observó por un momento, evaluando la situación. Finalmente, asintió y dio un paso atrás.
Beth respiró hondo y contestó rápidamente.
—Hola.
—¿Por qué no me has llamado? —la voz de Mateo sonaba frustrada al otro lado de la línea.
—Eh… he estado ocupada, pero, ¿necesitas algo? —respondió, tratando de mantener la calma.
—No me hables con ese desdén. ¿Ya conseguiste un empleo nuevo?
—No… sigo buscando. —El miedo era palpable en su voz, pero intentó mantener una postura firme.
—Bien. Tal vez pueda darte un trabajo como afanadora del edificio, ¿qué te parece?
Las palabras de Mateo l