—¡Yo…!
Bruno se acercó rápidamente a ella, pero el sonido del teléfono rompió la tensión. Beth lo miró con desesperación.
—¡Es Mateo Savelli! —pensó, sintiendo que, por alguna razón, era su única oportunidad. Pensó en cómo podía manipular la situación para salir airosa. Su mente corría mientras trataba de encontrar las palabras correctas—. Déjame responderlo, sin mí no podrás conseguir lo que quieres.
El hombre la observó por un momento, evaluando la situación. Finalmente, asintió y dio un paso