Mateo no podía más.
Estaba completamente desesperado, como si todo su mundo se estuviera desmoronando a su alrededor. Caminaba de un lado a otro en la sala del hospital, sin poder quedarse quieto ni un segundo. El sudor frío recorría su frente, y su corazón latía de manera errática, a punto de explotar. Cada vez que pensaba en Beth, sentía que la angustia lo ahogaba más. El miedo lo consumía por completo.
En su mente solo rondaba una pregunta: ¿Cómo estaba ella?
Cada segundo que pasaba sin respu