Roma sintió un escalofrío recorrer su cuerpo al ver a Matías allí, frente a ella, mientras los hombres armados se acercaban con intenciones letales.
Un grito se le escapó de los labios cuando uno de los secuestradores intentó atrapar al niño.
Sin pensarlo, lanzó su cuerpo hacia él, empujándolo con fuerza para evitar que lo tocara.
El hombre tropezó y cayó al suelo, sorprendiendo tanto a Roma como al niño, que retrocedió horrorizado.
—¡No! —gritó Roma, temblando mientras protegía a Matías con su