Al día siguiente.
Mansión Savelli.
Cuando llegaron a casa, los niños corrieron hacia Roma, ansiosos por abrazarla.
Sus caritas brillaban de emoción.
—¡Mami! ¿Iremos de campamento? —preguntó Aria, con la esperanza reflejada en sus ojos.
Roma se quedó un momento en silencio, sorprendida por la energía de los niños.
Sin embargo, una sonrisa comenzó a formarse en sus labios mientras asintió, tocada por su entusiasmo.
—Está bien, lo haremos —respondió, sintiendo una calidez profunda al ver sus carita