Joel y Tory no podían creer lo que acababan de descubrir. Las palabras de la noticia golpearon sus corazones con una fuerza implacable.
—¡Es tan triste! —dijo Tory, su voz quebrada por la incredulidad—. Era tan joven… estaba embarazada, por un aborto mal realizado… ¡Ella murió!
La realidad de lo sucedido parecía demasiado cruel para ser cierta. Las lágrimas brillaban en sus ojos, pero las palabras no salían de su garganta, como si el dolor de lo ocurrido las hubiera atrapado en un nudo imposible