Brianna se aferró al asiento del auto con las manos temblorosas, su respiración entrecortada mientras observaba el camino desolado.
Cada kilómetro que avanzaban la hacía sentir más atrapada, más indefensa.
Miró de reojo a su madre, quien mantenía la vista fija en la carretera con una expresión fría, determinada.
—Mamá… tengo miedo —susurró, con la esperanza de encontrar compasión en su voz.
Pero su madre ni siquiera pestañeó.
—Brianna, si no haces esto, no voy a ayudarte a criar a ese bebé —resp