—¡Roma! —un grito desgarrador y lleno de angustia cortó el aire, y Roma, como si despertara de un sueño profundo, se vio de nuevo enfrentada a la brutalidad de la situación.
Al mirar a Kristal, se dio cuenta de lo que había hecho. El rostro de la mujer estaba completamente cubierto de sangre, sus ojos abiertos en una expresión de terror.
Roma retrocedió instintivamente, pero pronto sintió las fuertes manos de dos hombres sujetándola.
La confusión invadió su mente.
¿Quiénes eran esos hombres? ¿Dó