Matías tomó la mano de Fernanda con una firmeza que la sorprendió, haciendo que ella lo mirara con desconcierto.
—¡¿Qué haces?! —exclamó, viendo cómo él la arrastraba sin dar tiempo para respuestas.
—Vendrás conmigo, acabaremos con esto —respondió él, su voz fría y autoritaria.
Fernanda dudó un instante, sus pensamientos chocando entre la confusión y la rabia.
Pero, al final, su curiosidad y su desesperación la empujaron a ceder. Se puso un abrigo.
Al llegar a la sala, Fernanda vio las rosas en