93. Después de la tempestad viene la calma
POV BASTIEN DELAROCHE
La impresión fue tan fuerte que tuve que apoyarme en la cama para no perder el equilibrio.
Sin decir una palabra, me acerqué un poco más al niño.
De cerca, podía ver el parecido. Tenía los mismos rasgos finos que Ethan, el hijo de mi hermano… esos rasgos que eran propios de mi familia, incluso escondidos bajo la máscara de oxígeno.
Le tomé su pequeña mano; una mano que, a su edad, debería ser regordeta… pero no lo era.
No necesitaba pruebas.
Lo veía.
Lo sentía.
Él era mi hijo, y yo… el hombre más estúpido del planeta por no haber estado allí para ambos.
—Doctor… —mi voz salió firme, sin titubeos— haga todo lo necesario para que pueda donar la médula. Quiero que salve a mi hijo, por favor.
Tenía que ser el pilar en el que Renata y nuestro niño se apoyaran. Era lo mínimo que podía hacer.
—Necesitamos que se haga las pruebas —respondió el médico con serenidad—. Por favor, venga conmigo.
Lo seguí fuera de la habitación, con el corazón golpeando